Julita Angulo de Mejía concibió la idea de una procesión hecha por niños y la compartió con el padre Campoelías Monastoque, párroco de la Iglesia de Santa Bárbara. El sacerdote reconoció en ella un método catequético eficaz para enseñar a los niños la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo a través de escenas vivas.